Se suele decir que aquel que se ha criado, rodeado de riquezas o de exuberancia, difícilmente valore lo que tiene. En contrapartida, el pobre, acostumbrado a sobrellevar una vida con carencias, rápidamente reconoce algo valioso o aquello que puede ayudarlo a transformar su realidad. Del mismo modo, hay pueblos que, conscientes de sus limitaciones, tratan de explotar al máximo los pocos dones que la naturaleza les ha dado o su patrimonio histórico. El turismo les ha permitido generar ingresos económicos importantes. Sin embargo, hay otras sociedades como Tucumán que, generalmente, acostumbra a destruir su pasado o deja que el tiempo y el abandono lo destruyan.

En esa situación, se halla el viaducto El Saladillo, ubicado a 27 kilómetros de San Miguel de Tucumán y a cuatro kilómetros del dique El Cadillal. Se trata de una imponente obra ferroviaria de 356 metros de largo por 27 metros de altura, con 25 arcos, que fue declarada Monumento Histórico Nacional en el año 2000 por la ley 25.270. La imponente estructura, de las cuales son contadas en el mundo, permaneció durante los últimos lustros prisionera del monte. En 2009, una empresa privada firmó un convenio con el Ente de Turismo y la comuna de Los Nogales para ofrecer servicios a los viajeros interesados en el turismo aventura, en particular, el rapel. En el acuerdo, se consignaba que el Ente aportaría el dinero, la firma se ocuparía de ejecutar las cobras y la comuna sería el contralor. Al comienzo se acondicionó el camino, se colocaron carteles, se desmalezó el área y se arreglaron los merenderos. En la actualidad, sólo se hacen tareas de desmalezamiento y recolección de residuos.

El delegado de la comuna de El Cadillal, de la cual también depende el viaducto, admitió que tienen problemas para mantenerlo, pero no quiso opinar, mientras que el presidente del Ente de Turismo dijo que el organismo sólo paga a una persona para que realice la limpieza.

El delegado por Tucumán de la Comisión Nacional de Museos y Monumentos y Lugares Históricos señaló que la puesta en valor del monumento no es responsabilidad de la Nación, sino del Gobierno provincial y sostuvo que en este caso hay un problema de gestión. En su opinión, la obra vial es ideal para montar un pequeño museo y establecer una suerte de tríada con El Cadillal y con Raco. "Se podría construir un pequeño museo, parquizar toda el área y hasta montar una pequeña confitería donde los viajeros puedan sentarse a tomar algo mientras admiran el paisaje. Es cierto que el viaducto está muy abandonado, pero todo se puede mejorar. Sólo es cuestión de destinar el presupuesto adecuado y alentar la inversión de capitales privados. Este es un lugar único en la provincia", aseveró.

El viaducto, inaugurado en 1884, funcionó hasta 1927. Tanto concitaba la atención de turistas y curiosos que llegó a instalarse en el lugar un pequeño hotel. Da la impresión de que los tucumanos de aquel entonces tenían una visión de futuro que inexplicablemente se fue perdiendo con el paso del tiempo.

Si esta maravilla de la ingeniería estuviese en otra provincia posiblemente estaría dotada de infraestructura turística y seguramente los tucumanos la visitaríamos. Nuestra provincia es una tierra privilegiada por la naturaleza y por el valioso patrimonio que aún le queda. Sin embargo, a veces parece cierto que "Dios le da pan al que no tiene dientes", como reza el refrán.